Una brizna de esperanza

Una brizna de esperanza (1997) es una antología de 33 poemas intimistas escritos en la adolescencia de la autora y que dedica a la memoria de su hermano.

En ellos se transitan diversos temas como el dolor de la despedida, la traición, la intolerancia, la ceguera, los abusos y el alzheimer entre otros. Una brizna de esperanza nos sumerge sin darnos cuenta en la experiencia de un viaje interior por las emociones más profundas.

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“Ojalá hubiese sido yo el que los hubiese escrito”

Lucas Aledón (Poeta y escritor)

Carlos Morales, (poeta, crítico literario y director de TORO DE BARRO, la segunda colección de poesía más antigua de España) recoge en este artículo las palabras de Lucas Aledón, tras recitar él mismo el poema “Versos desgarrados”.

Carlos Morales, destaca, por encima de la inocencia de ser el primer libro de una autora novel, la calidad de su discurso lírico.

Versos desgarrados

Vivo los días enamorada y ciega.
Jardín verde de esperanza incierta.
Rosca fresca de triste mirada.
Lamentos quebrados de la inocencia.
Blanca guerra de nuestra existencia.
Promesa traicionada de una tierra olvidada.
Alas sucias de una batalla angélica.
Cruel melancolía que acuna mi vida.
Dolor amargo que a mi pensamiento araña.


Años de memoria ausente

Después de tantos años transcurridos
mi mente se ha bañado de recuerdos,
de palabras, de caricias y besos;
todos ellos sin nombre, ni apellido.

Hoy siento que los años me han vencido,
hoy he exhalado su perfume eterno,
he sentido sus manos en mi cuerpo
y el placer me ha robado un suspiro.

Aquel día las flores tenían envidia
y una fuente derramaba lágrimas,
divinas gotas de amor y vida.

Una estatua recelosa miraba
recuerdo todo de aquella tarde
y sin embargo, olvidé su cara.


Adiós

Lunas negras me acunan
todas las noches desde tu ausencia.

Látigos de viento frío, sin ternura,
percuten a mi vida
y su lamento a mi aura silencia.

Un sol sangriento del alba revisa
los matices de la voz que perdura,
y al tiempo agoniza.

Adiós breve y eterno de inocencia
embriaga de inocencia la cuna,
habitación extasiada y muda
que mis ojos evitan.

Música triste y profunda locura
de cerca me acaricia
y mi a alma tortura
sin poder privarme de tu existencia.


Efímero fervor

Que sobrevenga la noche,
que se oculte el sol,
que cese la brisa marina
y se cubra de gélida boira.

Que enmudezcan los pájaros,
que el río detenga su camino,
que el cielo llore mi atrición
y el rayo sucumba a su paso.

Que el viento se lleve todo,
que rujan los dioses enfadados,
que la mar embravecida
esculpa su vestigio en el acantilado.

Que se calle el mundo
y sólo se escuche un fado,
que tras su efímero fervor
me cubra un ceñido manto.


Quiero

Sumirme a la tragedia griega
aunque todos duden de mi cordura,
y con besos cadenciosos de espuma
marcar el compás de la habanera.

Quiero, tatuar tu recuerdo en mí,
que la tinta de la aguja sangrienta
aleje de mi vida el sufrir.

Que el llanto y la risa nerviosa
sean, hoy, un pergamino atávico
del que tan sólo queda una sombra.


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