Los hornillos de yeso

En los taludes de una montaña rica en yeso natural, (sulfato cálcico bihidrato CaSO4·2H2O) nuestros antepasados hicieron estos hornillos de yeso que ahora aportan historia etnográfica al paisaje de nuestro pueblo. Su construcción, de aparente sencillez, esconde un trabajo arduo y que precisaba cierta habilidad. Extraían las piedras de la cantera a fuerza de pico, las colocaban en hilera en forma de arco hasta levantar una pared de unos dos metros y medio de altura aproximadamente e introducían tierra entre sus huecos con cuidado de dejar un tiro de chimenea. Abajo, por delante, la dejaban abierta para hacer fuego con aliagas y meter leña hasta conseguir que las 2 moléculas de agua que componen el yeso natural se evaporasen y quedase solo el sulfato cálcico, una labor que duraba alrededor de 24 horas.

Si al echar paja seca en la parte alta del horno, la paja prendía, eso significaba que la piedra estaba lista y entonces taponaban con barro o tierra el tiro de la chimenea para apagar el fuego. Pasados 7 u 8 días la piedra se había enfriado y podían destapar el horno y extraer las piedras. Una vez fuera las golpeaban con una maza o la trasladaban a la era, donde, ayudándose de un rulo de piedra y animales de tiro, la hacían polvo, el deseado yeso de rápido fraguado con el que realizar sus propias obras.

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